

La verdadera educación significa más que la prosecución de un determinado curso de estudios, significa más que la preparación para la vida actual. Abarca todo el ser, y todo el periodo de la existencia accesible al hombre. Es al desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales. Prepara al estudiante para el gozo de servir en este mundo, y para un gozo superior proporcionado por un servicio más amplio en el mundo venidero.
En Vida Superior, hemos aprendido que el trabajo mancomunado de la tierra y la construcción de la salud es la respuesta a bendiciones profundas para los que tienen el valor, la voluntad y la perseverancia para recoger sus tesoros. Aquí padres, maestros y educandos comparten el trabajo de la tierra, experimentan el gozo de participar de su cosecha y almacenan en sus vidas aquello que dice el apostol Pablo: ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual teneís de Dios, y que no sois vuestros? Semejante educación dirigirá al joven y al adulto a obrar por sí mismo y por los demás, a avanzar con la energía mental y moral con que la cultura y la gracia de Dios le han dotado para ser instrumentos salvadores en la mano del Artífice creador y sustentador del universo.