Hace más de dos mil años, Hipócrates (460 – 370 a. c.), mejor conocido como el padre de la medicina, acuño el aforismo “Que tu alimento sea tu medicina, y tu medicina tu alimento.” Este juego de palabras del sabio griego pone de manifiesto que nuestra alimentación diaria, además de proveer el sustento, puede tener propiedades curativas.

 

La gran mayoría de la población sigue una dieta que se caracteriza por el consumo excesivo de alimentos que atentan contra la salud y el bienestar general. Por años los científicos se mostraron reticentes a correlacionar la relación que existe entre la dieta y el desarrollo de condiciones agudas y crónicas; pero las pruebas científicas los ha llevado a aceptar este postulado:

 

Exceso de calorías - obesidad, diabetes, enfermedades cardiacas y mentales.

 

Alimentos de origen animal - cáncer, enfermedades coronarias, infecciones parasitarias, afecciones gástricas y trastornos hormonales, osteoporosis entre otros.

 

Grasas saturadas y el colesterol - enfermedades coronarias, arterosclerosis, e hipertensión entre otros.

 

Alimentos refinados y procesados están - artritis, enfermedades autoinmunes, estreñimiento, enfermedades cardiacas, afecciones gástricas.

 

Bebidas carbonatadas/estimulantes - fibromialgia, enfermedades cardiacas, alteración del metabolismo, trastornos digestivos en general, piedra en los riñones, obesidad.

 

Productos lácteos - enfermedades pulmonares incluyendo el asma, osteoporosis, diabetes juvenil, enfermedades coronarias, alergias, aumento del nivel de colesterol.

 

El consumo de los grupos de alimentos antes mencionados disminuye la ingesta de vitaminas, minerales, fibras y otras sustancias beneficiosas, como los fitoquímicos, contenida en los alimentos en su estado más natural.

 

Los científicos en el campo de la nutrición han demostrado que los alimentos de origen vegetal además de proporcionar energía y nutrientes, poseen un notable poder preventivo y curativo; estos participan en la purificación de la sangre y contribuyen a eliminar desechos de las células y tejidos contribuyendo a la prevención y regeneración de condiciones agudas y crónicas.

 

El consumo abundante de estos alimentos juega un papel importante en la salud por su alto contenido de fitoquímicos. Los fitoquímicos son sustancias naturales presentes en las frutas, vegetales, legumbres, granos enteros, nueces, semillas, hongos, hierbas y especias que le otorgan el color y sabor característico de cada una de ellas. Actúan en el cuerpo como antioxidante, contribuyen a la prevención de enfermedades crónicas y retrasan el proceso de envejecimiento.

 




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